Las piedras de la ira
fueron lanzadas,
sin piedad,
sobre el montículo.
Al pasar la gente
se preguntaba el porque,
pero lanzaba sus piedras,
descargaba su ira
liberándose
de la corrosiva imagen
creada por ellos mismos .
Tiempos sin edad,
la montaña
tapó el horizonte
despertando la tormenta.
Se desató una ira
por todos barruntada.
Aquello cesó.
La incertidumbre
perdura.
Dorita.
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