El genuino maltratador
no desenmascarado
permanece,
por tiempo,
agazapado.
Goza con quiénes
de su aliento respiran.
En anonimato
va tejiendo
sus telas pegajosas y dañinas.
En la distancia,
se complace contemplando
a sus presas
enredadas en sus tretas.
Solo el tiempo
marca el minuto
cuando el tejido,
cediendo a la presión,
se desprende
cayendo en su vacío.
Dorita.
No hay comentarios:
Publicar un comentario