Resultó
que un buen día,
me atreví
a comenzar
la siguiente prueba:
Sabiendo que una vecina,
quien de mi vida nada conocía,
solo por el placer de chismorrear
no cesaba de decir sandeces,
injurias , infamias,
contra mi persona,
al regentar un servicio público
decidí
comenzar a frecuentar
su establecimiento.
Me hice su cliente.
Dando un paso más
me animé
a excederme en generosidad
siendo con ella derrochona,
compartiendo
lo especial,
lo fino,
que a mí llegaba.
Me traicionó
de la manera más vil.
Dorita.
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