No es que me casara
con locura enamorada.
Sí con la certeza
de que aquello que a fraguarse comenzaba
no era un capricho,
un antojo,
consecuencia de un fugaz desenfreno.
Fuego de artificio
que con rapidez cae sobre el heno.
Algo serio por ambas partes acordado.
Sinceridad y fidelidad trabajadas.
Las grandes diferencias
hicieron que la vida
nos regalara frecuentes sinsabores;
Más nuestro camino
por serena cadencia fue marcado.
Absoluto respeto,
siempre nos hemos profesado.
Al final,
deleite compartiendo
nuestros días.
Dorita.
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