Decidí
no irme del lugar.
Sí,
cometí errores,
no lo dudo.
Algún cotilleo.
Seguridad en mi misma
dando clases.
Asombrarme,
demostrándolo,
de las insolencias.
Vamos,
este tipo de cosas.
No las consideré nunca
tan extremas
como para tener que irme,
a otro lugar.
Me quedé.
Con la toalla sobre el suelo.
Había pasado, allí,
veintisiete años,
para nada satisfecha
de mis relaciones.
Llegó un día,
eso fue lo asombroso,
que comenzaron las"coincidencias"
consecutivas,
por nombrarlo de alguna manera.
Serie de acontecimientos
después de los cuales
me empezaron a encumbrar.
Seguro
que esto tampoco es real,
no lo puede ser.
Fue tal el giro,
en el trato a mi persona,
del vecindario
que empecé a pensar
si no me estarían confundido
con otra persona.
Ahora ando ahí,
a la expectativa....
deseando saber
que me espera el futuro,
en este lugar.
Dorita.
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