No siento
ni el frío,
ni el viento,
ni a la agonizante noche
amenazando a mi cuerpo
con hacerle pasar al olvido.
No me mueve a seguir
ni el odio,
ni el rencor al enemigo.
Sé que mi muerte
pende de un hilo.
Siento,en cada esquina,
con su dalle,
acechandome la parca;
es +
que la rabia contenida
lo que me empuja a la lucha.
Es la Paz duradera.
El derecho a tener una casa
donde desayunar caliente,
cada día.
El que la libertad, en esta tierra,
no sea una quimera.
Por todo esto,
lucho,
vivo y si es preciso muero.
Dorita.
No hay comentarios:
Publicar un comentario