El verde,
del trigo verde,
a un paso
de estallar
en espigas de oro,
sembrado
del más vivo rojo
de las amapolas,
sobrecoge.
Al tiempo,
se diría,
un canto de esperanza,
exaltación
de la belleza.
Belleza
extendiéndose
hacía los árboles,
que, se me antoja,
empiezan a multiplicarse
en mi camino.
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