La noche le quiere
al frío,
con mucho brío.
Los niños
no lo comprenden,
pero gozan
con esas hojas
que el viento transforma
en mariposas.
Los pájaros
sobre las nubes avanzan;
el río
es un espejo estremecido.
Los árboles,
solo espantajos,
con algunas manzanas
cantando
un alindango.
Dorita.
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