Nada ,en ella, se notó;
salvo
salvo que vivía
ausente y fría.
Todos seguían
con su algarabía,
la fiesta;
rompiendo monotonía,
olvidando
sinsabores.
Aquellos ojos negros
se empezaron
a alejar
de tanto sinsentido,
de tanta banalidad.
En las noches
de jolgorio,
se escapaba
por la senda plateada
que la luna diseñaba.
Plata...
en el camino y el río.
Gozaba de acompañante,
la corriente
era su amante.
Hasta en las noches
nevadas,
en las aguas
con la luna se encontraba.
Una mañana,
cuando la primavera
asomaba,
el río se la llevó.
Dorita.
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