que se acerca,
lleva en los ojos
la luz de su verdad.
Hace nuestro ser
vibrar:
buscando
autenticidad.
Ese perfume,
esa flor,
acaricia con candor
todas las viejas heridas;
en ausencia
de palabras,
juicios,
comunes experiencias,
ese rayo
de la esencia,
visible en la nueva presencia,
logra por instantes brotar
la magia
de una nueva ilusión.
Dorita.
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