Ayer,
volvió al lugar
la serpenteante muerte.
Mostraba una autoridad,
una contundencia
que no tiene.
Ángeles,
entre los escombros,
clamaban clemencia.
Sueños,
rezumando azufre,
saltando de forma estrepitosa
por los aires.
Retorcidos alambres
queriendo coser lo imposible.
El hielo,
petrificado en los peldaños,
no fue ajeno a la destrucción.
Mis limitadas palabras
no llegan a expresar
el infierno vivido.
Dorita.
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