Un poquito más al fondo del fregadero
y lindando también
con la chimenea,
una diminuta puertecita.
Por ella entraba la Emilia
a buscar
carne,pescado y otras cosas.
De allí salían unos insectos negros
que a mí no me hacían
ni pizca de gracia.
Y el olor.
Un olor especial
que no era desagradable.
No me he vuelto a percatar
de algo parecido
en ningún lugar.
Dorita.
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