viernes, 24 de abril de 2026

La burra de la señora Emilia

 Aprendí a montar

con la burra de la Señora Emilia.

Era dulce, tranquila 

y adorable.

Jamás tiró a ningún niño.

Supongo que al señor Felipe 

no le haría demasiado feliz 

que siempre estuviera rodeada de niños

con ganas de montar

y peleándose por ello.

Ninguna queja.

Ninguna mala cara.

Dos ángeles en la tierra.

El señor Felipe,

esto lo vi con mis propios ojos 

y el me lo contó,

en sus ratos libres

limpiaba desinteresadamente 

las lindes de pueblo.

Me contó que lo hacía para evitar

en caso de quema

que las llamas llegaran al pueblo.

Ejemplos de vida

que jamás he olvidado

y tampoco quiero olvidar.

Ningún niño llegaba a la casa

de la Emilia 

sin salir de ella con los bolsillos 

llenos de avellanas.

No había nadie en el pueblo 

que tuviera más avellanos

que ellos.

Dorita.

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