Saliendo de la cocina
había un rellano.
Desde el se veía una puertecita.
Para mí,
la preferida.
Cuando la señora Emilia la abría
tú ya sabías que algo rico
ibas a comer.
Solía salir ella con avellanas
y te llenaba los bolsillos.
También con fósiles
que su hijo Ángel,el carmelita,
guardaba allí.
Cualquiera de las dos cosas
eran auténticos tesoros para mí.
Dorita.
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