Resulta
que la cosa empezó cuando
nada menos que diez
de sus compañeros de trabajo
cogieron la baja.
La empresa les obligó a los restantes
a hacer todo el trabajo.
El muchacho nos fue confesando
la presión
a la que estaba sometido.
Y un día resultó que tuvo una gran hemorragia.
Creo que tenía dos o tres úlceras.
Ayer volvió con su compañero.
Los dos alegres y demostrando
una gran complicidad.
El rostro de quien estuvo enfermo
parecía haber envejecido
varios años.
Dorita.
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