Que mi tío Andrés me contaba
que los vascos que trabajaban
en la restauración de la Universidad
de Deusto,
tras la guerra civil,
hacían alarde de su fuerza
cargándose al hombro la carretilla
después de vaciarla.
Decía mi tío que él les decía
que no lo hiciesen
y ellos alegaban que no pesaba.
Tomando café hice este apunte
y uno del grupo nos contó
que un cantabro amigo de su familia
para no perder tiempo unciendo
a la burra para tirar del carro
se colocaba él en su lugar.
Jamás había oído una cosa parecida.
Dorita.
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