sábado, 25 de abril de 2026

La casa de la señora Emilia 3

 No era grande esa chimenea,

más o menos 

como la de la Constancia y Eliseo.

Allí no había gatos.

Se quedaban rondando por la cuadra.

Desde luego allí,

no fueron juguetes de nadie.

Encima del fuego,

a una distancia prudencial,

habían clavadas muchas puntas

de las que colgaban los chorizos.

Destilaban de ellos gota a gota

grasa derretida

que a saber dónde iba a parar.

Junto a las ascuas el trípode 

sobre el que descansaba

un puchero de barro 

cociendo el alimento de cada día.

Dorita.




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