En esta tierra encantada,
de belleza inusitada,
el otoño cobra vida.
El viento sopla canciones
en todas las direcciones.
Las hojas abren orejas
y no dejan de bailar.
Estrenando mil colores,
hacen brillar ilusiones
en los ojos de los niños.
Salen corriendo tras ellas,
las guardan entre sus manos
y saltando por los charcos
se empeñan en construir,
con ellas, hermosos barcos.
Al final el desencanto.
Pero al percatarse el aire
se afana a recoger,
de las ramas a tropel.
Allí las deja sobre el charco
y así evita que el Otoño
pierda su encanto
Dorita.
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