martes, 14 de diciembre de 2021

Pueblo

 En aquel instante,

sentí aquellas fragancias

de hierbas montaraces.

Bajo aquel Sol radiante,

de aquel día de agosto,

la Naturaleza,

toda entera,

me dió la bienvenida.

Diríase que el monte

había preparado,

por un tiempo infinito,

aquel recibimiento.

Las florecillas,

lejos de toda petulancia,

pretendían

pasar desapercibidas.

Aquello fue imposible

pues entre los aromas

mis ojos cuidadosos

buscaban presurosos

ansiosos encontrarlas;

Sin despreciar las zarzas,

tampoco los brezales,

un suave vientecillo

me fue encarrilado

a un claro

tupido de tomillo.

Allí también vivía

una vieja morera.

No pude resistir

y sus frutos probé.

Su sabor excelente

y al tiempo perfumados.

Comprendí

que era el Paraíso

donde estaba .

Dorita.


No hay comentarios:

Publicar un comentario