Que una blanca mano,
sobre la tierra,
el rojo lanzaría.
Que la gran serpiente
andaba esperando
su cabeza alzar
y desde lo alto
por su boca fuego derramar.
Que grandes tormentas
con emponzoñados vientos
las mentes serían capaces
de trastornar.
Tras el chaparrón ,
atraves de un aire inmaculado,
las montañas se multiplican
alejándose al infinito.
También nosotros
llegaremos a ver la gran belleza.
Dorita.
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