No quiero
ni siquiera
tener miedo del miedo.
Estoy viva
y te quiero.
A tí
que lo estás leyendo.
Te quiero
en el pájaro y el viento.
En los bellos y sublimes
pensamientos.
En el chirimiri que cayendo
va bordando un encaje
que ya quisieran
en Bruselas o en Almagro
hacerlo
con tal hermosura y primor.
Anda derrochándolo,
así espontáneo,
este excepcional
día de otoño.
Dorita.
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