En lo más alto
la iglesia.
A ella
por la más pindia calle.
Llegó el otoño,
todo en soledad quedó.
Los frutales
de amigos cambiaron.
Los pinares y encinares
decidiendo
quienes y como
harán sobres ellos los nidos.
Las campanas solo suenan
cuando los fuertes vientos
de invierno lo deciden.
Este pueblo de montaña
perdido
queda en brazos
de un desconocido destino.
Dorita.
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