Su Tierra
me bautizo
con Cantueso
y hierbabuena.
Cuando mis perniles
la acarician,
nuevo baño
de Romero,
Tomillo y Orégano.
Qué en su jugar a los dados
Dios me colocó en lugar privilegiado,
no cabe duda.
Qué la vida allí es dura,
no cabe ninguna duda.
Entre sus riscos,
entre Quejigos y Encinas,
entre los Pinos y Endrinos,
nacen flores,
testigo
la luz de la luna,
origen
de la jalea más pura.
Dorita.
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