El día
comenzó a andar
entre un fresco chirimiri
y entre la niebla
embrujada.
Las sábanas, de lino,
fue arrojando
sobre el camino.
Entre un bello
tul de seda
parecía ignorar
un sol radiante llegar.
Con esa humedad reinante,
el Gran Capitán valiente
fue regalando
colores
arrancando sinsabores.
Lunáticas tierras rojas
le llegaron a embriagar.
¡Tan intenso el carmesí!.
Creyose, por un momento,
sobre el río Hoja nadar.
Así se fue deslizando
por ese mar de Castilla
que con sus raros azules
cualquiera diría andar
por Almería o la Alhambra.
Es que.....
Esta mi España
tiene la fuerza del Cid,
el sabor de la Granada.
Dorita.
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