Me gustan las piedras,
sin importar
si son gemas.
Las caracolas.
No sólo las que me brindan
el sonido
de la mar.
Los amaneceres,
explosiones de belleza.
Por su naturaleza,
imposibles de atrapar.
Las pompas de jabón.
Los trigales
con las amapolas en flor.
Las últimas rosas
de un otoño tardío
que desafiando al frío
siguen lentamente
viviendo con la ilusión
de poder participar
de la gran celebración.
Dorita.
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