Otra tarde,
estando Manolito y yo solos
en el salón,
comenzó el viento y la galerna.
Fue terrible, los vecinos del quinto
habían dejado abierta una terraza.
Los golpes eran aterradores.
El muchacho quería que viniese
su madre a por él y yo intentando
convencerle para que por favor
no me dejara sola.
A pesar de no estar muy contento
con todo el tiempo que garaba con él
enseñándole me tenía mucho
cariño y accedió a quedarse.
Dorita.
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