domingo, 18 de enero de 2026

Escrito 386

 Otra tarde,

estando Manolito y yo solos

en el salón,

comenzó el viento y la galerna.

Fue terrible, los vecinos del quinto

habían dejado abierta una terraza.

Los golpes eran aterradores.

El muchacho quería que viniese 

su madre a por él y yo intentando 

convencerle para que por favor 

no me dejara sola.

A pesar de no estar muy contento 

con todo el tiempo que garaba con él 

enseñándole me tenía mucho

cariño y accedió a quedarse.

Dorita.


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