Hacía requiem in pacis con plumilla
y tinta china.
Auténticas obras de arte y me las metía
en mi buzón.
Claro por supuesto con mi nombre
edad y supuestamente el día en que había
muerto.
No salíamos de la policía.
No contento con ello, empezó a
meterme balas de verdad.
Es que como había sido funcionario
de prisiones tenía armas de verdad.
Por aquellos entonces no era yo sola
su obsesión.
Recuerdo que había comprado un coche
de alta gama de los que tienen
cuatro circuitos.
Como bebía mucho chocó contra otro
coche cerca de Adarzo.
Pegando a Santander.
Dorita.
No hay comentarios:
Publicar un comentario