Hoy he visto
una hermosísima orquídea
y eso que estamos en enero.
En una de las pocas casitas
que aún quedan en el barrio.
Construidas...
muy pero que muy antaño.
La casa donde ella habita
se ha vuelto grandiosa a mis ojos.
Ha dejado de ser destartalada
y antigua para transfigurarse
en un lugar especial.
Casi espiritual.
Entre tanta tropelía
entre lo que andamos viviendo
se abierto ante mis ojos
como una luminosa ventana
por la que entra la brisa
en una tarde de verano.
Dorita.
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