viernes, 23 de enero de 2026

Escrito 46 e

 El señor Gaspar 

no había salido nunca de Rucandio.

Ni había querido,ni había dejado 

de querer...

simplemente no había tenido necesidad 

de ello.

Allí en el pueblo tenía todo lo que necesitaba.

No habia necesidad de salir 

al pedo.

Pero resultó que un día volviendo 

del tajo,desde Ballorca,

tuvo un mal tropiezo y cayó 

con tan mala suerte que se destrozó 

el tobillo.

Allá en Las Trescientas Camas 

lo que en un primer momento 

se le representó como una catástrofe 

terminó siendo una de las mejores

experiencias de su vida.

Nunca había contemplado

tantas caras bonitas,

sin hablar de sus piernas,

en un lugar.

Volvió al pueblo radiante,jovial.

Eso sí,a pasar de lo contado,

nunca más volvió a caerse.

Dorita.

No hay comentarios:

Publicar un comentario