¿Y sí la belleza de la existencia
se encontrara
en el corazón de aquellos hombres...
que sin pensarlo dos veces
iban limpiando en invierno las lindes
para que al llegar la primavera
y los calores de agosto
y con él en algunas ocasiones
los incendios...
no llegaran hasta el pueblo los infiernos?.
La sabiduría interna
lo dictaba y ellos ni rechistaban.
Tenía sentido el placer de ver
ese nuestro Rucandio
bien protegido.
Dorita.
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