Y el marido se quedó aquí.
Después de muchos años vino él,
Manolito a buscarme a la academia.
Resulta que al parecer habían llegado
al acuerdo que hasta la Universidad
se quedaba con su madre en México
pero que la carrera la hacía aquí.
La verdad es que se veía que había
sido muy bien educado y además
era guapísimo.
Me dijo que su madre le había dicho
que me buscara y me diera
una preciosa cruz de plata.
Me llamó la atención porque tenía
los cuatro brazos iguales.
Hizo derecho aquí.
Ahora pensando sobre él,
no sé donde se encontrará.
Dorita.
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