Como se ríe
la niña,
cuando se mira
en el agua.
Que candor,
que inocencia.
Trenzas de oro
y ojos que al mirar,
-siendo capaces
de las aguas traspasar-,
la devuelven
a la tierra,
cubriendo de gracia
su caminar.
Niña mía,
que ante ti
tienes la vida,
los campos
de trigo verde,
las rosas,
las azucenas.
Sé recatada,
sé pudorosa.
Esta vida,
que ante tus ojos
el día desgrana,
hay que vivirla.
Y reclama....
la prudencia,
la osadía
y un sin fin de cosas más.
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