viernes, 13 de enero de 2017
En este momento
el "sol de brujas"
ilumina
mi casa.
Rayos fríos
de purísimo
blanco.
Diríase
de ultratumba.
Poco a poco,
esta luminosidad
se va atenuando.
El mortecino
plúmbeo cielo,
donde los azules
parecen
haber sido tragados
por las nubes,
deja caer
la oscuridad
y una finísima lluvia
que va " in crescendo ".
Cargándose
de violencia,
golpea enérgicamente
los cristales.
El jardinero,
empapado,
sigue podando
las adelfas.
En Cantabria,
existe
una memoria
epigenética
que celebra la lluvia
como una fiesta.
La infancia
estuvo
pasada por agua.
Los inviernos
y las botas de goma
formaban
una unidad indisoluble.
El jardinero
sigue trabajando,
a la intemperie,
aunque jarree.
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