Aquel paraíso
gozaba de un código,
-propio-.
De un lenguaje,
-no florido-
preciso,
escueto,
claro,
duro.
Todos lo entendíamos,
lo hablábamos,
nos comunicábamos.
Fue rechazado
por unos cuantos
que introdujeron
monosílabos,
sin verbos.
Quedamos fuera....
todos
los que no supimos
o no quisimos
aceptar lo impuesto.
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