miércoles, 22 de febrero de 2017



Aquel paraíso

gozaba de un código,

-propio-.


De un lenguaje,

-no florido-

preciso,

escueto,

claro,

duro.

Todos lo entendíamos,

lo hablábamos,

nos comunicábamos.



Fue rechazado

por unos cuantos

que introdujeron

monosílabos,

sin verbos.


Quedamos fuera....

todos

los que no supimos

o no quisimos

aceptar lo impuesto.

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