lunes, 13 de febrero de 2017



El tío Andrés

y su isocarro.


A la edad

de nueve años,

fui trasplantada.

De una montaña

de Burgos,

al pie de una " Peña",

donde el buitre planea

y el lobo campea,

a la extensa meseta

donde Zorrilla

-"Don Juan Tenorio"-

naciera.


Ambición

de una madre

o tal vez deseos

de que su retoño

alcanzara.......

lo que a ella

le fuera negado,

por azar

o por destino.


No escatimó

ni en sufrimientos,

ni en trabajos

hasta conseguir colocar

a su hija......

en un buen centro

para señoritas....

"La Enseñanza".


Compartí pupitre

con lo más granado

de una sociedad......

para mí , hasta entonces,

desconocida.


Mi tío abuelo

Andrés,

jesuita y curtido

hombrachón,

sintiendo cariño

por esta muchachita,

acudía a buscarme

con un isocarro,

vieja tartana.

Solo con maña y pericia

lograba arrancar

el motor.

Salía cantando....

no como ruiseñor,

sino con un reguero

de contaminación.


Allí observando estaban,

entre anonadados y espantados,

los padres y niñas.

Y como puedo

extrañarme...

de  ser apodada "paleta"....

o que la "Cenzano" dijera

que yo estaba

asilvestrada.


Al pensar

en los prototipos

de coches

que no contaminan.......

automáticamente,

sin cuerda por medio,

en mi mente aparece

el "isocarro".

Cargado

con comida hirviente.

De "La Enseñanza"

llegábamos

a una gran finca.

Donde.....

con enormes gruñidos

los cerdos esperaban

su rica comida.

Donde......

el tío Andrés,

gran naturalista,

también cultivaba

lilas,

peonias

y las más bellas rosas.


Cuando.......

después de pasar

la tarde del domingo,

al colegio volvía......

a mis amigas

las más bellas flores

ofrecía.



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