lunes, 27 de febrero de 2017



Paseaba

por un puente

de madrugada.



Se me acercó

una joven

inmaculada.


Me dirigió

hasta el borde

de la calzada.


Mostrándome

su orejita

firme,

delicada.


Allí,

en la barandilla,

escuchamos

las ranas

como croaban.


Sus ojos

de volvieron

hacia la entrada

que nos mostró

la joya......-la catedral-

tantas veces soñada.



Se calvaron

los ojos

en los tapices......

cosidos,

en las nubes,

con las agujas.



Allí,

en silencio,

disfrutamos..............

la calma

de la mañana.



Al volver....

hacia casa,

le pregunté

su nombre ,

un poco

intrigada.



Mirándome

a los ojos,

pronunció ...... Poesía.


Ante mi sorpresa,

dijo Sofia.


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