Sometiste a fuego
mi amistad.
Saeta lanzada
por inesperta mano
que dió en el clavo,
que acertó.
Sangre y rabia derramada.
Saliendo airosa,
acrisolada
aprendí a vivir me,
a disfrutar
de la soledad consoladora,
de las estrellas
brillando en la negrura,
de la Natura
que radiante me atrapa y me redime.
Mi alma calmada
te recibe hoy...
como el primer día.
Dorita.
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