En ese instante,
exclusivo,
de encandilamiento,
los Ángeles y querubines,
que vigilan
por las rendijas formadas
por las nubes,
se sorprenden,
se sonrojan,
sienten envidia
de no vivir en los ojos
de esos seres
que están viendo en el mundo...
el Paraíso.
Dorita.
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