La abeja,
que no duerme,
vigila que su miel
sea impoluta.
Su diligencia,
su perfección,
anotadas en el cielo;
dejando anonadados
a los dioses.
Igual las que habitarán el Himeto
que aquellas admiradas
por Platón...
o las que Virgilio
dejó sobre sus versos......
trasmitieron la vida
con sus alas.
Hoy el hombre
anda asustado.
¿Su vida y la nuestra..... irán
aparejadas?.
Dorita.
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