Espinas de cardo
perforaron
nuestra amistad.
Nuestra lengua lamió
el corazón,
el hígado sangrante.
La carne viva
cicatrizó
en obra de arte.
No muy diferentes
de los retorcidos troncos
de los viejos Tamarindos,
andan paseando
nuestros cuerpos.
Eso sí,
florecemos
en Mayo
y juntas bebemos
agua de manantial.
Dorita.
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