Y como podrá ser eso
si siempre he llorado
por cualquier cosa
y a veces
hasta con pujo.
No es que haya decidido
no llorar,
es que las lágrimas
no quieren aparecer.
Ahora,
contemplo la vida
en la distancia.
No tengo
esa necesidad imperiosa
de hablar.
Eso sí
me sorprende
el que ya no lloro
Dorita.
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