Ya andaba mi alma
acostumbra
al sosiego y a la calma.
El jardín
cultivado, día a día, con esmero
se va
de tal forma embelleciendo
que agradecido
cualquier nueva planta
acoge,
mima y preserva.
Verdes y frescos los arbolitos
van cogiendo corpulencia.
Las hortensias y rosales
hacen brotar sus yemas
esperando
un bello desenlace
en la cercana primavera.
Ajena andaba yo
del mal agüero,
la helada negra
me pilló desprevenida.
Sólo la confianza en la Vida
evita
mi caída
a los infiernos.
Dorita.
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