Entró
en la cama
a morir.
No haría nada
hasta llegar
a su fin.
La ventana
abierta.
La lluvia
y el viento entrando.
Los días
pasando.
Evitando
un pequeño malestar
decidió
su cuerpo menear.
Levantando
la mirada
la yedra
sobre el cristal
no paraba de bailar.
Las nubes
se fueron yendo.
El Sol
empezó a brillar.
Sobre la encina
los pájaros
comenzaron a cantar.
Desde el suelo
el petronor
ascendía hasta el lugar.
Un poco más alejado
un rosal de rojas rosas
no dejaba de brillar.
Allá
en la lejanía
un velero
sobre el mar.
Sintió
su corazón latir,
su cuerpo comenzó
a vibrar.
Se vistió
como mejor pudo
y se marchó
a navegar.
Me cuentan
que por ahí anda
enamorado del Mar.
Dorita.
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