Nuestra gente
anda rabiando.
Ardiente el corazón.
Alta la frente,
ante este grupo
de desalmados bárbaros.
La incredulidad
va dando paso al espanto.
Con pesar y dolor
las calles vamos tomando.
Si no hay retroceso
en este despiadado embargo,
el orden hasta ahora mantenido
puede finalizar
en desorden descontrolado.
Quién oso llevar a tal extremo
al país, que un día fue
el mayor de los imperios ,
le suplico desesperadamente
que pare el sinsentido.
Hierve la sangre
solo en pensar
en una lucha encarnizada
de hermano contra hermano.
Con un grito de Munch
desesperado
ruego
a quien en esta azarosa hazaña
nos ha metido,
que dé marcha atrás.
Ningún español
esta vil afrenta
ha merecido.
Dorita.
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