Si mis palabras,
como los pájaros
con las corrientes de aire,
pudieran viajar.
En tus oídos
entraría
obligándote a escuchar
lo que oír no quieres.
Lo que, menos tú,
todos sabemos.
En tu cerebro entraría.
Taparte los oídos
de nada te serviría.
De ahí no saldría,
machaconamente te torturaria.
Al final,
tirarías la toalla.
Dorita.
No hay comentarios:
Publicar un comentario