Me fui.
La casa quedó
limpia y cerrada.
Los corzos
ya se habrán librado de los cazadores.
Como ha llovido
andarán saltando alegres
en las cercanías de Navarroyal.
Nadie les andará molestando.
El pueblo quedó casi vacío
Han perdido el miedo.
Se adentran en él como terreno conquistado.
En los días de cielo azul,
que suelen ser muchos,
el picarralincho andará afinando sus sonidos.
Cuando llegue,
me dejará atónita
con su concurrida presencia.
Se siente,entre los árboles,
la presencia de los que me amaron.
El eco de las montañas
me acerca sus risas.
El monte.
¡Ay el monte!...
! Cómo agradece mi presencia!.
Rompe frascos de perfume
por donde paso.
Penetra de tal forma en mis huesos
que pasados los meses,
si cierro los ojos,
salen a tropel de mi cuerpo
para que no me olvide.
Otros quedan latentes
esperando la ocasión
de hacerse presentes.
Dorita.
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