Había entre ellos una niña
de mi edad.
Entablamos amistad y yo quería
que me la dejaran llevar a mi casa
para que durmiera conmigo.
No lo conseguí.
Sanos y salvos se fueron del pueblo
los gitanos cuando la nieve desapareció.
Pasado bastante tiempo un día
comiendo nos contó mi padre
que viniendo de Rucandio a Medina
de Pomar le pararon en la carretera
un grupo de gitanos diciéndole
si no se acordaba de ellos.
Mi padre no idea.
Le refrescaron la memoria relatandole
su aventura en nuestro pueblo.
No le quedó más remedio
que ir con ellos a su casa y comer
y beber con ellos.
Dorita.
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