¡Solo se le ocurrió decir eso!.
Pero no solo esto.
Resulta que un día me llama
una monja de la Enseñanza que no
conocía de nada.
Habría llegado al colegio después
de irme yo.
Me pide que por favor vaya a charlar
con ella.
Cagate lorito....
me empezó a hablar de aquel hombre
y que era amigo suyo y que llevaban
juntos grupos de espiritualidad
y no contenta con ello se lanzó
a contarme problemas que tenían los chicos y chicas
que pertenecían a los grupos.
Patético.
Osea que el buen hombre se había
dedicado a airear mi enamoramiento.
Me acuerdo que mentalmente
metí nuestra amistad en un ataúd
y la enterré.
Dorita.
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