jueves, 8 de enero de 2026

Escrito 260

 Fue mi prima,la primísima,

quién me acompaño a diferentes lugares hasta que encontré un ingeniero de montes 

que me dió trabajo.

Nunca pagado porque lo que tenía que llegar de Valladolid nunca llegó.

Aún recuerdo como lloraba este hombre cuando le dije que me iba.

El pobre hombre no lo podía entender.

Lo mejor de todo es que me dediqué en cuerpo y alma a trabajar y la obsesión 

si no desapareció empezó a perder fuerza.

Después de tropecientos años,paseando un día por el Espolón de Burgos le reconocí y 

le pregunté porque no quería equivocarme si era fulanito.

Me dijo que sí.

Al principio no me reconoció.

Le pedí perdón por haber sido demasiado impulsiva y le dije que había sido una 

de las mejores personas que me había encontrado en la vida.

Se le saltaban las lágrimas.

Me dijo:

"Esto,esto lo tiene que escuchar mi mujer...

me has alegrado el día.Me has hecho muy feliz".

Sí,tuve la gran suerte de encontrarme con el matrimonio en otra ocasión y volví a repetir lo dicho.

La diferencia de salud entre los dos era evidente así que le dije:

"Mira tienes muchísima suerte porque el día que mueras lo harás en manos de la mujer que más has amado".

Le brillaban sus bellos ojos azules.

Dorita.

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