Este hombre aseguraba que solo
mi presencia en si casa le hacía sentir mejor.
Y ya no te quiero ni contar
como se sentía después de lo que se nos
había enseñado.
Mejoró.
Los médicos decían que era cierto
pero que su muerte llegaría en breves.
Todas las mañanas iba a su casa.
Allí tomaba un café.
Después los pases.
Al ver que no se moría y mejoraba
decidieron comprarme un coche de segunda
mano para que así pudiese estar
más disponible por si en algún momento
me necesitaban con urgencia.
Lo que fue al principio un acto altruista
se transformó para mí en una obligación.
Sin saber si.lo.que hacía era lo correcto.
Llegó el fin de curso y yo me fui
con mi familia a Medina de Pomar.
¡Qué liberación!.
Al volver a Salamanca después del verano
me encontré con que había muerto
en Madrid.
No me sentí culpable a pesar de que este
hombre dijo antes de morir que si hubiera
estado a su lado él no hubiera muerto.
Dorita.
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